La impresión 3D está teniendo un crecimiento exponencial muy importante en los últimos años, a pesar de ser una tecnología que lleva más de 30 años entre nosotros. A nivel particular, el abaratamiento del coste de los componentes y repuestos, o de impresoras ya terminadas a un precio asequible, hacen que sean más atractivas estas máquinas. A nivel empresarial, la reducción de los costes de producción de ciertas piezas con utilidad final para su venta o implementadas en procesos de producción otorgan ventajas de fabricación, e inclusive en los procesos de prototipado hasta llegar a la pieza que será fabricada finalmente.

También la comunidad Open Source ha tenido mucho que ver en este sentido, donde muchas personas se nutren de desarrollos y conocimientos que comparten sin buscar lucrarse con ello como si de una multinacional se tratara. Gracias a esto se llevan a cabo proyectos solidarios como la fabricación de prótesis o cajas para ocultar la quimioterapia, entre otros. No todo el mundo tiene y sigue este punto de vista, y ahí es donde en este artículo vamos a poner el punto de mira.

La UE (Unión Europea) quiere legislar la impresión 3D pretendiendo utilizar una trazabilidad que pretende regular el sector para implementar los mecanismos de propiedad intelectual que rigen en otros ámbitos. Esto quiere decir, una gestión de derechos digitales (DRM, del inglés digital rights management). Un símil para explicar esto sería como si quisiéramos ponerle puertas al campo, que es lo que pretende la UE con la impresión 3D.

…identificando a los participantes en la elaboración de un objeto en 3D: creador y proveedor del programa informático, fabricante de la impresora 3D, proveedor de materias primas, impresor del objeto, o cualquier otro intermediario que participe en la realización concreta del objeto.

La UE lo que quiere con esto es crear un registro para saber quién diseña las piezas, qué máquinas las imprimen y quién compra esas máquinas. Los que se verán beneficiados serán los grandes y el pequeño no verá un euro o compensación por ello.

Muchas veces al tener una impresora 3D y teniendo nociones de diseño, lo que se hace es mejorar la pieza o piezas que se acaba rompiendo por un mal diseño inicial. Te fabricas un repuesto mejorado que dure en el tiempo o que en ocasiones ya no encuentras por estar descatalogado.

También entra en juego otro factor, que es la responsabilidad civil en caso de accidente de un usuario por uso de una pieza impresa de mala calidad. Lo que hay que tener en cuenta son los límites de esta tecnología a nivel usuario donde la diversidad de materiales y calidades de impresión entran en juego. Sustituir piezas que comprometan nuestra seguridad es algo a tener muy en cuenta con el riesgo que ello conlleva. A nivel industrial, las piezas resultantes por impresión 3D son de alta calidad y utilizables en un producto final.

…la necesidad de tener cuidado en el sector de la impresión en 3D, en particular en lo que se refiere a la calidad de los productos impresos y a los riesgos que estos pueden presentar para los usuarios o consumidores, y que sería conveniente considerar la inclusión de los medios de identificación y trazabilidad.

En definitiva, lograr una trazabilidad completa en el sector de la impresión 3D es imposible. Ya veremos en lo que queda este globo sonda que la UE ha pretendido lanzar para ver las reacciones de los protagonistas implicados, y como se desarrolla si al final se lleva a cabo tal medida.

Puede consultar los textos publicados del parlamento europeo aqui.